Mohammed Yassine Mazari y Rudson Roger Pires Lopes coinciden en las aulas de la Escuela de Algeciras como estudiantes Erasmus. Uno regresó atraído por la investigación de vanguardia; el otro llegó por un azar que hoy celebra. Ambos descubren que, en el Campo de Gibraltar, la teoría de la ingeniería se vuelve carne en los laboratorios y en un entorno industrial único.
Algeciras, 6 de mayo de 2026.
Hay encuentros que solo pueden suceder en los nudos de comunicación. Mohammed, doctorando argelino, y Rudson, estudiante caboverdiano, representan esa universidad viva que promueve la Universidad de Cádiz. A través de sus respuestas, reconstruimos un mapa de la ingeniería que no entiende de fronteras, sino de precisos procesos técnicos y acogida humana.
El Estrecho como lugar de encuentro
Para Mohammed, Algeciras fue un reencuentro. Tras una estancia breve en 2024 con el profesor David Sales Lérida, supo que debía volver: «Me motivó el ambiente y la posibilidad de profundizar en mis experimentos; cuando surgió la oportunidad Erasmus, no dudé». Rudson, en cambio, define su llegada como un «golpe de suerte». Sin conocer previamente la ciudad, hoy afirma con rotundidad que, de poder viajar al pasado, elegiría Algeciras de forma consciente.
Ambos coinciden en que la acogida ha sido el primer gran engranaje de su estancia. Mohammed destaca la integración en el
Smart Manufacturing Lab del centro de innovación UCA·SEA y el apoyo de personas como Fernando (de la Iglesia), becario de relaciones internacionales del Campus. Rudson va más allá y habla de una justicia necesaria al describir la «simpatía y prontitud» de todo el personal, docente y no docente, para lograr su plena integración.
Donde la teoría se hace práctica
El diálogo técnico surge al comparar sus universidades de origen con la ETSIA. Rudson observa que, aunque la globalización ha uniformado la base teórica de la Ingeniería Mecánica, la diferencia radica en la ejecución: «Las condiciones para las clases prácticas y de laboratorio aquí son, sin duda, infinitamente mejores». Ha quedado sorprendido por la biblioteca y sus salas insonorizadas, un refugio para el estudio en grupo.
Mohammed, centrado en su investigación de doctorado, valora la conexión entre los conceptos teóricos y las aplicaciones reales de los materiales que estudia. Para él, el vínculo con los grupos de investigación del centro es la llave para alcanzar resultados significativos y futuras publicaciones científicas.
Un paisaje para el ingenio
La ubicación de la Escuela, abrazada por dos parques naturales y un nodo industrial de primer nivel, no es un detalle menor. Para Rudson, es un «encaje perfecto» que facilita el contacto directo con empresas de diversos ramos. Mohammed, amante del mar, encuentra en los paisajes circundantes un estímulo para vivir y estudiar. Además, como musulmán, destaca el respeto local y la compatibilidad cultural, lo que convierte a la comarca en un lugar «cómodo y acogedor».
Al final del camino, ambos lanzan un mensaje a quienes, en sus países, duden sobre cruzar el mar hacia la UCA. «Es una oportunidad para crecer académica y personalmente», dice Mohammed, recordando que el idioma no es barrera cuando hay voluntad; mientras aprendo español, puedo comunicarme en inglés y, en Algeciras, muchas personas hablan árabe. Rudson concluye: «Aprovechadlo, es un lugar excelente con una calidad de enseñanza altísima».

A la izquierda, Rudson Lopes junto a sus compañeros del Grado en Ingeniería Mecánica en el taller de soldadura de la ETSIA. A la derecha, Mohammed Mazari, en el laboratorio de Ciencia de los Materiales de la ETSIA.